domingo, 30 de noviembre de 2008

WALL-E, o la vida secreta de las máquinas

Cuando supe que existía una película sobre robots creada por Disney-PIXAR, me dije que debía verla. Muchas cosas que no vienen el caso no me dejaron hacerlo en el cine. Así que hace poco me senté en la sala de una casa muy querida para echarle una primera mirada.

Me quedé sorprendido -nuevamente- por la inmensa habilidad de ese club de freaks para contar historias actuales  e incitantes a través de cosas tan sencillas, tan comunes y tantas veces contadas.

Es costumbre de PIXAR evitar el protagonismo de humanos: los muñecos del cuarto de Andy, los monstruos del armario, los peces del acuario, los autos y ahora las máquinas en general. Porque además de ser la historia de amor más extraña –y extrañamente más común- de las últimas contadas, es la historia de las máquinas. Una lectura bizarra de la interacción entre las máquinas y el hombre.

En toda la película las veo ocupar el papel protagónico. Y en el momento climático me pareció ver mucho de Asimov –Yo Robot- o Kubrick –Odisea en el Espacio: las máquinas asumen un papel tutelar sobre la raza humana, cansadas de ver la ilógica trampa que son nuestras vidas.

El despertar del obeso capitán del Axioma es ilustrativo: ¡Caramba! ¿Qué hicimos con el planeta? ¿Qué podemos hacer ahora? Los humanos, a través del progreso más grande, llegamos a la postración más vergonzosa: convertidos en apéndices de las sillas robot que proporcionan una vida de idilio, que nada tiene que ver con una digna de ser vivida.

¿Cuál es el milagro de esta película? Contar una historia simple, sin aspavientos, haciendo que la espectacularidad de la animación se convierta en el marco de lo que es verdaderamente importante: la historia de la redención de toda una forma de pensar, por otra más simple, y más humana. La asepsia de EVE y su mundo perfecto, tropiezan y se mejoran con la suciedad, simpleza y profundidad de la vida de Wall-E y su cucaracha.

La vida como debe ser vivida: sin pretensiones absurdas, sin vergüenza y con mucha sinceridad.

1 comentario:

Unknown dijo...

Debo ser completamente honesta con esta pelicula, "la adoro", es increiblemente tierna sin casi nada de palabras, con un humor sutil.
Mi querido maltés, debo decir que una vez mas adoro leerte.
"the queen"